Reseña del álbum 666 de Aphrodite’s Child (1972)

Ninguno de nosotros podría negar que la época a inicios de los años 70 fue una de las mejores para el Rock progresivo. Álbumes como Trilogy de ELP, el epónimo de Camel, Selling England by the Pound de Genesis, The Dark Side of the Moon de Pink Floyd y muchos otros, ponen de manifiesto esta situación.

Entre las gemas de la época se encuentra un magnífico álbum conceptual, obra de los músicos de la banda griega Aphrodite’s Child: me refiero a 666. Este álbum también es conocido como «El Apocalipsis de Juan, 13/18», debido a que ese es el tema que proporciona la esencia a su atmósfera enrarecida, en palabras del escritor Ray Bradbury.

Cabe destacar que la intención que hay detrás de esta representación musical para un capítulo tan épico del libro que sustenta el pensamiento cristiano, es maravillosa. El concepto me parece muy bien logrado, porque cada canción consigue sumergirte en la terrible sensación de pensar que un día el mundo pudiera terminar de tal horrorosa manera.

Así también merece la pena destacar que las letras de las canciones de este álbum no fueron escritas por la banda, sino por Costas Ferris, un director y productor de cine griego, que también ha escrito las letras, y ha desarrollado los conceptos, de los trabajos de otras artistas. 

666, la obra maestra de Aphrodite’s Child, es un álbum doble compuesto por 24 piezas de una duración relativamente corta, como ocurre en reiteradas ocasiones en el caso de los álbumes conceptuales, y una bastante más larga que aparece justo antes del final, que constituye una suerte de síntesis o compendio de todas las anteriores. Sin dejar de lado la música, creo que me abocaré principalmente al concepto que hay por detrás.

En The System se repite varias veces una frase «¡Tenemos al sistema para joder al sistema!». Esta pieza es el preámbulo para Babylon, la primera canción como tal del álbum. Sus letras hablan acerca de Babilonia, la gran ramera.

Lo mejor de Loud, Loud, Loud son las teclas, interpretadas limpiamente por un Vangelis joven para aquellos días. Las letras relatan los sucesos que tendrán lugar cuando el Apocalipsis esté a las puertas. «El día que los caballos de los circos dejarán de dar vueltas, corriendo rápido a través de los valles verdes, cantaremos y lloraremos y gritaremos: fuerte, fuerte, fuerte, fuerte».

The Four Horsemen, para quienes conocen, aunque sea superficialmente la historia revelada a Juan, proporciona una idea automática: los cuatro jinetes. Con esta canción se comienza a narrar la apertura de los siete sellos. El primer jinete llevaba un arco, el segundo, una espada, el tercero, una balanza y, el cuarto, era la peste. Destaca en esta pieza el solo de guitarra que nos encontramos hacia el final.

The Lamb es una pieza instrumental fina, delicada, bien construida. Con su melodía me traslada, probablemente, hacia un lejano Medio Oriente. Así de simple.

Aegian Sea, extrae mensajes del capítulo séptimo, en específico del versículo 16 que reza «Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno». Los platillos que surgen al comienzo me trasladan hasta las playas del Mar Egeo, mar que titula la pieza. La musicalización de este track es la que más me ha seducido de todas, de hecho, es mi canción favorita del álbum. Además es introducida perfectamente por The Seventh Seal, donde, como su nombre lo dice, se abre el séptimo sello… Y cuando eso ocurre el silencio cubre el cielo.

Aphrodite’s Child – Aegian Sea (videoclip)

Seven Bowls hace referencia al derramamiento de las siete copas, donde los siete lugares, con las siete sendas consecuencias. La primera copa se derrama sobre la Tierra y provoca que se vuelva gris; la segunda, sobre el mar, que se torna negro; la tercera, sobre los ríos, cuyas aguas se vuelven rojas; la cuarta sobre el sol, que se congela; la quinta sobre la Bestia, que palidece; la sexta sobre las estrellas, que se aceleran; y la séptima sobre el aire, que se convierte en veneno. La musicalización de esta pieza es totalmente discutible: en verdad ni siquiera sé si se podría hablar en esos términos, porque la narración es acompañada por un cúmulo de sonidos que, en principio, podrían parecer aleatorios. Lo mismo ocurre en términos musicales con The Wakening Beast y Lament, que para mí son simples prolongaciones de Seven Bowls.

Con Marching Beast me traslado nuevamente al Medio Oriente. Los teclados en esta pieza me recuerdan un poco a Los Jaivas y un poco a Emerson, Lake & Palmer. ¿La razón? ¿Será la rítmica? Lo desconozco, pero fue lo primero que me vino a la mente al escuchar esta canción.

The Battle of the Locusts y Do It, son dos partes de la misma construcción: siguen la misma melodía, lo único que cambia son las escasas letras. Su musicalización es de las más enérgicas del disco, que, en general, muestra una naturaleza más suave.

Tribulation me parece una canción de circo. Es simplemente una introducción a la siguiente canción: The Beast. Más melódica que la anterior, propone la pregunta «¿Quién puede pelear contra la Bestia?», inquietud sumamente lógica teniendo en cuenta las características de este personaje bíblico.

He tratado de averiguar cuál es el mensaje que Aphrodite’s Child pretende transmitirnos con Ofis, pero  sus letras en griego han dificultado esta tarea. Incluso la traducción en inglés no pareciera representar literalmente el mensaje, ¿será que no hay una manera de hacerlo?

Si hasta ahora se había hablado de los siete sellos y las siete copas, las siete trompetas no podían estar ausentes. En Seven Trumpets se hace alusión a la relación que existe precisamente entre estos tres conceptos que giran en torno al número siete.

«Cualquiera que tenga inteligencia puede interpretar que el número de la bestia es un número del hombre. Este número es 666».

Altamont es otro de los temas que más me gusta del álbum. Con una duración de cinco minutos y cuarto, hace referencia al momento en que el diablo llevó a Juan a una montaña muy alta y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria. Le mostró también el cordero de siete ojos, la bestia de siete cuernos, el libro sellado con los siete sellos, el ángel con las siete trompetas y las siete copas llenas de ira. «Imágenes de lo que fue, de lo que es y de lo que está por venir».

The Wedding of the Lamb y The Capture of the Beast son dos piezas instrumentales, la primera mucho mejor construida que la segunda, que es mucho más experimental. En esta última se escuchan sonidos de lo que podrían ser cadenas agitándose, al son de las percusiones.

Infinity es uno de esos temas que no me gusta. Es una construcción vocal en base a los orgasmos de una mujer. ¿Por qué no me gusta? Porque no la puedes escuchar tranquilo sin que los demás piensen que estás viendo alguna película porno o algo por el estilo. Es lo mismo que me ocurre con la canción Mariachi de Aisles.

Hic Et Nunc, o aquí y ahora, debe ser la segunda canción que más me gusta (después de Aegian Sea). El título de esta pieza es una locución latina que hace referencia a la necesidad de pensar las cosas desde la realidad y no dejarse llevar por teorías o pensamientos abstractos. ¿Será que con esta canción Aphrodite’s Child nos invita a pensar que todo el concepto detrás del álbum es una mentira? No me queda del todo claro, porque las letras tampoco ayudan mucho.

All The Seats Were Occupied podría haber sido perfectamente la última canción del álbum. Es una obra maestra de casi diecinueve minutos que resume muy bien la esencia del 666. Parte con una rítmica suave y lenta, guiada por las percusiones, la guitarra y un sintetizador. A lo largo de esta canción se escuchan reprises de varias canciones anteriores, detalle que siempre me resulta interesante cuando es bien aprovechado. Por ejemplo, poco antes de llegar a la mitad de la canción, se escuchan secciones de Seven Trumpets y The Four Horsemen. En esta pieza destacan las percusiones tribales y la instrumentalización exótica, que ya se había venido haciendo patente con anterioridad. Lo último que puedo decir, es que hacia el final siento como si se tratara de una banda sonora creada para una película de Hollywood de los sesenta. ¿Por qué? No sé, pero esa es la sensación que me deja. ¿Será que he escuchado alguna melodía similar en una película de esa época? Quién lo sabe.

Break comienza con los teclados de Vangelis y es, para mí, una suerte de despedida que escapa del estilo que se había venido desarrollando hasta All The Seats Were Occupied. Sin embargo, eso no significa que sea una mala pieza. Bajo su manera particular, el tema tiene lo suyo; muestra, quizá, un aire más cargado al prog rock clásico de la época, y no tan extravagante como el desarrollado en las primeras 23 canciones del 666.

En resumen, 666 es un álbum que todo fanático del rock progresivo debiera escuchar en algún momento de su vida con detención. Quizá darse el tiempo de analizar por sí mismo las letras o el concepto que hay por debajo del álbum no sería malo, ya que, en esta reseña, la mirada fue lo suficientemente superficial como para no extenderme demasiado. Mi calificación para este maravilloso álbum es 9/10.

Dato friki: Esta entrada fue recuperada desde la base de datos del blog Progresivo.cl que por algún tiempo llevamos junto a un grupo de amigos melómanos.

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