Música del hiperespacio

Solo le tomó dos años a Beck entregarnos un nuevo álbum. Publicado hacia fines de 2019, Hyperspace nos muestra un renovado Beck, aspecto sobre el que no puedo evitar escribir antes de hacer la revisión de este disco en particular. Creo que a mis amigos no les sorprenderá que haya decidido comentar este maravilloso álbum de Beck, porque se lo he recomendado a la mayoría de ellos. Especialmente a quienes han tenido algún grado de acercamiento al artista en un determinado punto de su variada carrera musical.

Beck y sus distintas etapas

Álbum tras álbum, el artista americano ha venido definiendo quién es y qué es lo que pretende transmitir a su público, al punto de que los críticos lo han definido como un camaleón musical. Hemos tenido la oportunidad de escuchar un Beck más acústico, más calmado y altamente orquestral como el de Morning Phase (2014), uno con un sonido más seco y experimental, como el de Modern Guilt (2008) y otro que ha osado no circunscribirse dentro de un único estilo musical, como el de Guero (2005). Y la verdad es que en la mayoría de sus momentos el resultado me ha fascinado.

Hasta antes de Hyperspace, la música de Beck podía ser distribuida básicamente en dos categorías opuestas. Este nuevo álbum aportó un estilo más mixto, que podríamos ubicar al centro de ambos extremos: Hyperspace es un compendio con canciones que puedes escuchar en un día nublado y lluvioso donde las cosas no van del todo bien —digamos que, en ese sentido, la Beck nos provee de anestesia musical—, y otras que puedes disfrutar mientras conduces tu auto durante un paseo a la playa.


¿Solo rock o algo más?

Sin escaparse demasiado del amplio género del rock, en Hyperspace encontramos algunos elementos sonoros derivados de estilos más urbanos (como el trap, por ejemplo). Estos elementos son patentes en canciones como Uneventful Days y See Through. Las canciones del álbum nos transportan a una atmósfera futurista, con mucho sintetizador y armonías sumamente atractivas.

En términos estrictos, Hyperspace clasifica dentro del género del synth-pop. El uso de auto-tune, multipista y el infaltable rap —sí, hay canciones de Beck que realmente no puedo cantar a la par con él— son el glutamato monosódico del álbum: potencian su sabor, siempre y cuando se agreguen en la dosis justa. Muy poco, y no lo sientes. Mucho, y arruina la experiencia.

Colaboraciones

Cuando leí el anuncio de Hyperspace, me sorprendió descubrir que en el mismo había colaboraciones de Chris Martin (de Coldplay) y Pharrell Williams (el autor de Happy). El aporte de Martin se circunscribe a una canción que tiene un sonido atmosférico potente y que nos traslada a un espacio de paz y tranquilidad: Stratosphere. La colaboración de Pharrell, en cambio, es mucho más amplia. Podemos escucharlo en las teclas de Hyperlife, Uneventful Days, Saw Lightning, Chemical, Dark Places y Everlasting Nothing, y en las percusiones de las mismas canciones con excepción de Hyperlife.

Nada dura para siempre

¿Y qué hay del cierre? Everlasting Nothing, la canción más extensa del álbum (con 5 minutos de duración), nos deja con la sensación de que cada cosa estuvo en su lugar en el momento correcto. Después de haber pasado por momentos sumamente dinámicos, enérgicos y alegres; el título de la canción nos deja claro que, 39 minutos han sido suficiente, porque nada dura para siempre.

A pesar de que no es un final feliz, tiene ganada su posición en el disco: una grata compañía para el atardecer que nos garantiza que el viaje al hiperespacio tuvo un sentido y un propósito. Pero, ¿se trata de una despedida? A sus 49 años sería fácil argüir que Beck se encuentra con un pie dentro y otro fuera de los escenarios. Sin embargo, Beck nos asegura que seguirá apostando por conseguir un lugar en los rankings por un buen tiempo.

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