Mi vida en 5 cosas

La pluma Lamy Safari

Hay ciertos objetos clásicos que siempre me han llamado la atención, como las plumas fuente. Mi padre dice haber usado distintas plumas para escribir a finales de los años 50, antes de la masificación de los bolígrafos Bic. Antes de comprar la pluma Lamy, busqué alternativas desechables en las librerías locales, pero no encontré ninguna. Entonces, luego de ver un montón de videos y leer decenas de posts sobre plumas en internet, me decidí por la Lamy Safari. La experiencia de escritura -—específicamente la manera en que se desliza el plumín sobre el papel— es, sin duda, maravillosa. Usar una pluma hace que una tarea tan cotidiana como escribir, sea divertida y tenga un sentido.

El libro Crónicas marcianas de Ray Bradbury

Este fue el primer libro que compré porque quería leerlo y no por imposición. Recuerdo que lo leí por primera vez cuando estaba en séptimo u octavo año básico, pues formaba parte del plan de lectura anual. De todas las historias que forman la novela, la que realmente cautivó mi atención fue «La tercera expedición (abril del 2000)». En ella, los astronautas se encuentran con sus familiares muertos hace años, para descubrir finalmente que se trata de un vil engaño de los marcianos. La versión que leí en el colegio, incluía solo la mitad de los cuentos que trae la que compré estando ya en la universidad. Quizá por eso obtuve pésima calificación en el control de lectura.

Los audífonos bluetooth KZ S1

A fines del año pasado viví una experiencia que terminó siendo nefasta: con profunda emoción compré mis primeros audífonos True Wireless —los Sennheiser Momentum TW—. No puedo negar que las primeras semanas fueron increíbles, sin embargo, en menos de un mes el audífono izquierdo dejó de funcionar por completo. Solo diré que la garantía no sirvió de nada. Decidido a no abandonar por completo la experiencia del True Wireless —pero sin la disposición de volver a pagar un precio tan elevado por un par de audífonos— recurrí a una marca china que conocía desde antes y compré los KZ S1. Debo decir que la calidad de sonido, en comparación a los alemanes, alcanza un 90% (nada mal considerando que vale 10 veces menos). Son tan cómodos y livianos que apenas los siento en mis oídos. En uso continuo, la batería dura unas 3 horas. En esta cuarentena, los he usado mientras leo, riego el jardín o cumplo con las tareas domésticas. Si buscas un producto entry-level para sumergirte en el mundo de los audífonos sin cables, el KZ S1 es la opción definitiva.

Mi lámpara de lava roja

Si hay un objeto que no deja de robarse la atención de las personas que me visitan en casa, es la lámpara de lava roja que tengo sobre el rack del living. A lo largo de los años que me ha acompañado, debo de haber explicado por lo menos un centenar de veces cómo funciona. La verdad es que el proceso es relativamente simple. Primero, hay que saber que, pese a su nombre, la sustancia en el interior no es lava, sino cera. Una pequeña ampolleta halógena calienta la cera que descansa en la base del aceite (el líquido transparente no es agua). A medida que se derrite, aumenta su volumen, pierde densidad y, en consecuencia, sube hasta la cima del recipiente. Una vez allí, lejos de la ampolleta, la cera se enfría otra vez, produciéndose el fenómeno opuesto: disminuye su volumen, aumenta su densidad y, por acción de la gravedad, desciende a la base. Y así, el mismo proceso se repite una y otra vez.

El sistema de sonido que tengo en el living

A los melómanos les gusta escuchar la música con un gran nivel de detalle: es también mi caso. Hace unos 8 años me propuse adquirir el sistema de sonido definitivo para satisfacer mi espíritu audiófilo. Luego de un largo proceso de indagación, entendí que debía comprar un receiver estéreo y un par de parlantes adecuados en términos de potencia e impedancia. Fue así como me decidí por el receiver Yamaha R-S201 (estéreo con 100 W por canal) y los parlantes bookshelf Polk Audio RTi A3. El sonido producido por esta combinación es especialmente rico en bajos, con unos agudos tremendamente bien definidos y unos medios que cierran y completan la escena. Sin embargo, es realmente difícil imaginar el sonido de un equipo sin escucharlo con tus propios oídos, así es que, en ese sentido, las palabras sobran.

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