21 claves para el siglo XXI

Una vez más Yuval Noah Harari nos sorprende con su capacidad para visualizar el futuro, tal como si de un Nostradamus contemporáneo se tratara. Esta tercera pieza de la serie que compone junto a Sapiens y Homo Deus, nos habla acerca de los distintos relatos que han tratado de explicar la forma en que vivimos y nos relacionamos. Yuval nos cuenta que hasta antes de la segunda guerra mundial había tres modelos que compartían su lugar en el mundo: el fascismo, el comunismo y el liberalismo. Luego de la IIGM, el primero de esos modelos cayó, quedando en juego solo el comunismo y el liberalismo. Finalmente, cuando el comunismo perdió la batalla hacia 1980, el liberalismo se estableció como el relato predominante en el mundo. Y esto trajo consigo una serie de consecuencias.

Algunas ideas importantes

Los sentimientos —principales responsables de decisiones tan trascendentales como por quién votar en una elección— también son racionales, en tanto están supeditados a una serie de cálculos probabilísticos que tienen lugar en nuestro cerebro. A diferencia de la cognición, nuestras emociones están asociadas a funciones que tienen lugar bajo el umbral de la conciencia: simplemente nos alcanzamos a dar cuenta de que el cerebro es el principal involucrado en el proceso. Los sentimientos no residen ni en el alma ni en el corazón.

Yuval pone en consideración la razón que ha llevado a nuestra civilización contemporánea a mantenerse —mayoritariamente— alejada de las guerras. En el pasado, los activos económicos consistían en granjas, minas y campos petrolíferos. Hoy, estos activos han sido reemplazados por el capital humano. De este modo, se hace imposible que una nación pueda apoderarse de los activos económicos de otra, porque el capital humano es un bien que no se puede arrebatar.

Una de las ideas transversales a todo el libro dice relación con los algoritmos. Del mismo modo que en el siglo XX las élites ostentaban tener el control sobre los territorios, en el siglo XXI es cada vez más importante hacerse con la administración de grandes masas de datos. En este sentido, Yuval nos invita a ser grandes conocedores de nosotros mismos, de tal manera que en ningún caso los algoritmos logren tomar el control: la autoridad debe permanecer en el usuario y no en una pieza de código de programación.

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