¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Hay dos aspectos de esta novela que captaron especialmente mi atención: el título (prematuro a la época de su publicación original) y la portada (especialmente la que lleva la edición de Minotauro). Philip K. Dick no me sonaba de nada, pero por alguna razón que no puedo explicar, intuí que disfrutaría su lectura. Sí, es cierto que me gusta la ciencia ficción (disfruté enormemente la lectura de la Trilogía de la Fundación y Crónicas Marcianas). En ese sentido, el señor Dick tenía un punto importante a su favor. Sin embargo, también es cierto que el libro es maravilloso en sí mismo.

Pensó también en su necesidad de un animal verdadero. Una vez más se manifestaba el odio que le inspiraba su oveja eléctrica, que debía cuidar y atender como si estuviera viva.

Debido a la pandemia, en Chile está difícil encontrar algunos libros: las librerías que los tienen disponibles no están haciendo envíos por el servicio de encomiendas y tampoco es un libro que se encuentre en las librerías locales. Quizá por encargo, ¡pero bue…! El precio en librerías fluctúa entre los 18 y los 25 mil pesos (o 23 y 32 dólares americanos, respectivamente). Es un libro caro. En mi caso conseguí la versión para Kindle, porque últimamente solo leo en tinta electrónica.

El primer artilugio narrativo a destacar es la idea de los humanos hayan tenido que desarrollar una completa batería de pruebas psicológicas para poder distinguir a los androides que deambulan entre ellos. Lo encuentro brillante, porque permite un sinfín de ires y venires a lo largo de la trama. Por ejemplo, el hecho de que los esquizofrénicos (humanos) tengan la misma clase de dificultades que los androides para superar las pruebas, puesto que estas miden el nivel de deterioro en la función afectiva.

El segundo artilugio narrativo es uno de carácter profundamente sociológico: el protagonista anhela poseer un animal de verdad para ganar estatus social y, mucho más tarde, cuando tras múltiples esfuerzos y decisiones su deseo se concreta, se da cuenta de que poco importaba tener una oveja eléctrica o una jirafa real. El poseer bienes materiales no es más que una falsa ilusión, un espejismo.

El cielo, detrás de Mercer, ¿es pintado? ¿No es real?

Otros aspectos interesantes son la intertextualidad de la novela con algunos pasajes bíblicos, en esta idea de que Mercer era análogo al Dios cristiano y la idea de vivir en una mentira no solo psicológicamente sino también físicamente: ser parte de un montaje al más puro estilo de The Truman Show.

En síntesis, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es un título para disfrutar de principio a fin. Con cada párrafo se ha ganado su posición como uno de los clásicos de la ciencia ficción.

Deja un comentario